El 16 de julio de 2026, presuntamente a causa de una cosechadora en el término de la Mierla, arrancó el mayor incendio de la historia de Castilla- la Mancha, dejando tras de sí 35.000 has arrasadas, 34 pueblos evacuados, 1200 vecinos movilizados y 14 pueblos confinados. Decir que el día 16 de julio fue el comienzo de este gran incendio es hacerse trampas al solitario, obviando las décadas de abandono que viven los montes y pueblos de nuestra Provincia, en particular, y de España en general. Al igual que seria hacerse trampas al solitario el achacar la culpa únicamente al cambio climático, aunque yo prefiero llamarlo clima cambiante, que ha servido de burladero para políticos en las catástrofes con el fin de ocultar una mala gestión y el evidente negocio que existe alrededor de la llamada “Emergencia Climática” y “Pacto de Estado”, el cual nadie sabe en que consiste este “Pacto de Estado”, quizá sean nuevos impuestos a los combustibles fósiles y así salvar el planeta, en fin… Cuando toda España estaba atenta de que Ferran Torres marcase el gol que dio la victoria a la selección el 20 de julio, la Sierra Norte de Guadalajara se achicharraba y los pocos paisanos de los pueblos nos aglomerábamos en los altos cercanos observando el avance de las llamas. Esa misma mañana del día 20 las previsiones eran muy desfavorables, soplando vientos de suroeste y temperaturas altas que solo vaticinaba el desastre. Con estas previsiones rápidamente la maquinaria rural se puso manos a la obra; agricultores de Atienza, Miedes, Ujados, Hijes, Romanillos y otros pueblos de Soria como Montejo salieron a hacer cortafuegos con el fin de defender las vegas, con el propósito de frenar el fuego nada más salir del monte. Montes que el CECOPI daba por perdidos, no queriendo desperdiciar efectivos en las cabezas del incendio, ya que éstos son de quinta generación, centrándose en los flancos del incendio y salvaguardar los pueblos y sus paisanos. Paisanos impotentes por la impasividad de efectivos parados en Riaza y la frontera con Soria que solo reciben ordenes de no actuar. Paisanos que en muchos casos han visto arder el campo donde pace su ganado, el campo que los vio crecer, el campo que su padre cuidó y sus ancestros moldearon.
Finalmente, tras 18 días activo el incendio, el 3 de agosto fue extinguido en el término de Condemios, dejando un panorama dantesco, ecosistemas que tardarán muchos años en recuperarse, otros que como los pastizales y matorrales crecerán con fuerza tras las lluvias. Pero hasta que vuelvan esos pastos los ganaderos de la Sierra Norte se enfrentan a un año verdaderamente duro, aun habiéndose movilizado ayudas de la mano de asociaciones como APAG. También, existe ya un plan Plan de Recuperación de la Sierra Norte que se centra en incentivar las sacas de madera afectada y retirarla del territorio, la recuperación infraestructuras públicas, y por último ver el daño que pueda tener el sector primario, tanto ganaderos como agricultores. El sábado pasado se celebró en Miedes un interesante debate titulado “Y después del fuego ¿Qué?” al que acudieron ganaderos, agricultores, biólogos y veraneantes de toda la Sierra. La diversa mesa estaba compuesta por Stefano Matzoleti (ganadero ecologista), Dani Moreno (joven agricultor de Miedes de Atienza), Antonio Heranan (Ingeniero Forestal), Fernando Moreno (presidente de la Agrupación de Ganaderos de la Sierra Norte) y como moderador Fernando Sánchez, secretario de la Asociación Sierra de Pela, la cual organizó el acto. Salieron ideas muy interesantes, como la que aportó Antonio Hernán, dirigida a recuperar nuestros montes reforestando algunas zonas con vivares previamente preparados para que al cabo de un par de años, cuando el suelo tenga las condiciones óptimas, poder replantar algunas zonas. Stefano Matzoleti puso en valor la ganadería y subrayó que una dehesa, un prado, un pasto, también son ecosistemas muy ricos, incluso igual de ricos o más que un bosque. Fernando y Dani nos hicieron ver la realidad de muchas burocracias que vive el sector primario y que vienen de leyes como la que se aplicó en 2003 con la ley de montes, modificada en 2008 y 2015, dejando un hueco legal para que se cuelen intereses de grandes corporaciones que se visten de verde. Una gran idea lanzada fue la que tuvo Yolanda y Azucena, la cual encabeza, ésta última, una plataforma, Sierra Norte de Guadalajara, donde coordinan acciones con el fin de recuperar nuestra sierra. También el aporte de Alfonso, biólogo de Cendejas, fue muy interesante, aconseja frenar los posibles incendios con barreras de setos (arizonicas y cipreses) instalas en las dehesas y praderas que ralentizan las llamas y hacen de cortafuegos. El debate levantó conciencia entre los asistentes y dio a conocer diferentes puntos de vista, pero aun habiendo diferencias hay algo en lo que todos estaban de acuerdo; en fomentar la ganadería, la cual agoniza junto a nuestros pueblos, junto a nuestras raíces, de donde procedemos todos y del cual nos hemos desvinculado, dejando de formar parte de esos ecosistemas antrópicos moldeados hace miles de años. Hemos dejado de formar parte de la tierra, ese vínculo hombre- tierra que gritó Feliz Rodríguez, reivindicando el papel que tiene el ser humano en su entorno. Sin esa comprensión, muy desvirtuada en las ciudades, el futuro de nuestros montes es muy desolador, aunque quiero pensar que hay esperanza.