Los festejos invernales en el mundo rural tienen un “no sé qué, qué sé yo” que les hace verdaderamente atractivos, creándose una aurea de misterio e intriga difícil de explicar. Puede que sea por el olor a leña, por la profunda oscuridad que reina en esta época, por esos paisanos arrugados que cuentan historias de antaño, por esa llama de la chimenea que habla de tiempos en los que el humano y la naturaleza se comunicaban formando un vínculo hoy día incomprensible. Podemos decir que remoto es el origen de los personajes que se ven en tiempos de carnavales, aún vivos en muchos pueblos. Alguno de ellos como el que nos ocupa hoy, los Ojojó, ha sido recuperado recientemente, más concretamente el año pasado, gracias al empuje de la Asociación Cultural Sierra de Pela, siempre con la colaboración del Ayuntamiento.
El sábado pasado, 14 de marzo de 2026, se dio cita en Miedes un festejo que atrajo a multitud de visitantes curiosos de lo que allí se iba a acontecer, intrigados por saber qué tipo de personajes son esos que llaman “los Ojojó” y que emergen de un cerro donde yacen los restos de un palomar hundido. El día no prometía una buena meteorología, algo muy típico en estos festejos invernales, aun así pudo realizarse el programa según lo previsto. El chupinazo de partida lo puso una conferencia que se dio a las 17:30 en el centro social el Chuletín, impartida por José Antonio Alonso. Este conocido etnógrafo nos llevó de la mano por el folclore serrano, dando a conocer los muy diversos personajes carnavalescos, botargas y danzantes que se manifiestan en los diferentes pueblos que configuran esta comarca.
A las 19:00 se empiezan a preparar las personas que harán de Ojojó y Vaquillas, pasando del mundo terrenal al místico, dejan de ser personas y pasan a ser misteriosos personajes. En una casa ubicada cerca del alto del Palomar, los Ojojó se visten con viejos atuendos y se tiznan de negro rostro y manos. Las Vaquillas se visten con el calzón largo, cubierto por una piel de cabra, se pintan la cara de blanco, y van ataviadas con unos cencerros y unas hamugas, que portan largos cuernos, cubiertas con una vieja manta de color claro.
En la Plaza una gran pila de madera seca arde generando una gran fogata, los dulzaineros mojan las cañas y las notas repican ante la mirada expectante de los asistentes que esperan la caída de la noche para ser testigos de lo misterioso. Las campanas del reloj de la Plaza anuncian las 20:00, los Ojojó y Vaquillas despiertan en lo alto del Palomar, unas antorchas acompañan a los personajes iluminando tenuemente sus rostros tiznados, las Vaquillas danzan, los cencerros retumban en las calles.
Los personajes descienden lentamente, mientras tanto la intriga entre los espectadores de la Plaza aumenta al mismo tiempo que el sonido de los cencerros se aproxima. Aparecen los personajes en la Plaza, las Vaquillas embisten, los Viejos tiznan de hollín a los asistentes y sacan a bailar a la gente. Se danza alrededor de la lumbre que con su mágico iluminar deja ver con claridad el rostro de los personajes. Seguidamente se reparte caldo calentito y se procede al pasacalle, los dulzaineros amenizan el caminar mientras siguen las travesuras de los Ojojó y Vaquillas entre el público.
A las 21:30 se cena lomo con queso en la Plaza y el broche final lo pone un baile hasta bien entrada la noche. La verdad que fue una jornada llena de emoción, diversión, y a la vez de cultura, ensalzando el rico patrimonio etnográfico que atesora Miedes. El folclore es algo que se debe de proteger, es el habla de la gente del pueblo, el habla de la tierra.
Gracias a todos/as los que hacéis posible este tipo de eventos. Además, agradecer a Juan Antonio Rodríguez las maravillosas imágenes del festejo que ha capturado con su cámara.